
Francisco Herencia Poyato
Instituto Andaluz de Psicología y Neurociencias (IAPN)
Resumen
En las últimas décadas, el estudio del estrés y la ansiedad ha estado dominado por modelos centrados en sus efectos deletéreos; sin embargo, la evidencia reciente indica que determinadas formas de estrés cumplen funciones adaptativas y pueden favorecer el crecimiento personal. En este contexto, la psicología positiva ha revalorizado la distinción entre eustrés y distrés, proponiendo una comprensión más compleja del vínculo entre activación, afrontamiento y ansiedad. El objetivo del presente artículo es analizar comparativamente los principales marcos clásicos del estrés y los enfoques de psicología positiva, con el fin de identificar convergencias y divergencias en la conceptualización del eustrés, el distrés y la ansiedad. Se desarrolló un artículo de revisión teórica basado en el análisis crítico e integrador de literatura reciente sobre evaluación cognitiva, resiliencia, bienestar, revalorización positiva y experiencias de estrés positivo. Los resultados muestran que ambos enfoques coinciden en la centralidad de la evaluación subjetiva y de los recursos personales y contextuales, aunque difieren en el énfasis atribuido a los desenlaces patológicos frente a los de desarrollo, así como en la precisión conceptual del eustrés. Se concluye que la articulación entre modelos clásicos y psicología positiva ofrece una base más amplia para comprender la relación entre estrés y ansiedad y para orientar estrategias preventivas que no solo reduzcan el malestar, sino que también promuevan adaptación, resiliencia y bienestar psicológico.
Palabras clave: estrés, eustrés, distrés, ansiedad, psicología positiva, resiliencia, revalorización cognitiva.
Abstract
Over the past decades, the study of stress and anxiety has been dominated by models focused on their harmful effects; nevertheless, recent evidence shows that certain forms of stress can serve adaptive functions and foster personal growth. Within this context, positive psychology has revalued the distinction between eustress and distress, proposing a more nuanced understanding of the link between activation, coping, and anxiety. The aim of this article is to comparatively analyze the main classical stress frameworks and positive psychology approaches in order to identify convergences and divergences in the conceptualization of eustress, distress, and anxiety. A theoretical review was conducted based on the critical and integrative analysis of recent literature on cognitive appraisal, resilience, well-being, positive reappraisal, and positive stress experiences. Results indicate that both approaches converge on the centrality of subjective appraisal and of personal and contextual resources, although they differ in the emphasis placed on pathological versus developmental outcomes, as well as in the conceptual precision of eustress. It is concluded that integrating classical models and positive psychology provides a broader foundation for understanding the relationship between stress and anxiety, and for guiding preventive strategies that not only reduce distress but also promote adaptation, resilience, and psychological well-being.
Keywords: stress, eustress, distress, anxiety, positive psychology, resilience, cognitive reappraisal.
Introducción
El estrés y la ansiedad constituyen dos de los constructos más estudiados dentro de la psicología de la salud y de la psicopatología contemporánea, dada su alta prevalencia y sus implicaciones sobre el bienestar, el rendimiento y la salud mental (Narrative Review Group, 2024). Tradicionalmente, la investigación ha tendido a conceptualizar el estrés como una condición predominantemente nociva, vinculada con sobrecarga fisiológica, deterioro emocional y mayor probabilidad de desarrollar trastornos ansiosos (Liu et al., 2020; Stress Experience Study, 2023). No obstante, la producción científica reciente ha cuestionado esta lectura unidimensional al mostrar que determinadas situaciones desafiantes, cuando son valoradas como manejables, pueden generar formas de activación funcionales, asociadas con crecimiento, motivación y adaptación positiva (Fredrickson et al., 2022; Kloidt & Barsalou, 2026).
Este desplazamiento conceptual ha encontrado respaldo en la psicología positiva, disciplina que ha incorporado con mayor fuerza la noción de eustrés como experiencia positiva del desafío y la ha diferenciado del distrés como vivencia amenazante y desorganizadora (Yao et al., 2022). Desde esta perspectiva, el impacto del estrés depende menos de la mera presencia de demandas y más del modo en que estas son evaluadas, de los recursos psicológicos disponibles y del contexto en el que se producen (Fredrickson et al., 2022; Kalisch et al., 2025; Liu et al., 2020). Así, variables como la resiliencia, la revalorización cognitiva positiva, el sentido vital y el bienestar psicológico han adquirido relevancia para explicar por qué una misma exigencia puede traducirse en ansiedad clínica, en malestar transitorio o en una respuesta adaptativa de eustrés (Kalisch et al., 2025; Narrative Review Group, 2024; Post-pandemic Well-being Study, 2026).
A pesar de estos avances, la literatura continúa mostrando una importante fragmentación entre los modelos clásicos del estrés y los enfoques contemporáneos de psicología positiva (Narrative Review Group, 2024; Stress Experience Study, 2023). Mientras que los primeros explican con solidez la relación entre amenaza percibida, afrontamiento insuficiente y malestar psicológico, los segundos enfatizan los recursos y procesos que favorecen resiliencia, bienestar y afrontamiento constructivo, sin que siempre exista una síntesis clara entre ambos campos (Fredrickson et al., 2022; Kalisch et al., 2025; Narrative Review Group, 2024). Esta falta de integración limita la comprensión del continuo entre eustrés, distrés y ansiedad, así como el desarrollo de marcos teóricos más finos para la prevención de trastornos de ansiedad en contextos clínicos, educativos y laborales.
En coherencia con este vacío, el objetivo general del presente artículo es analizar comparativamente los principales modelos clásicos de estrés y los enfoques de psicología positiva para identificar convergencias y divergencias en la conceptualización del eustrés, el distrés y la ansiedad. De manera específica, se busca: (a) sistematizar el papel de los recursos personales y contextuales en la transformación del estrés percibido en eustrés o distrés; (b) examinar los mecanismos cognitivos y afectivos que median la transición hacia la ansiedad clínica; y (c) proponer una lectura integradora que contribuya al avance conceptual del campo y a la orientación de intervenciones preventivas y clínicas basadas en la evidencia.
Metodología
El estudio se desarrolló como un artículo de revisión teórica, entendido como una modalidad orientada al análisis, contraste e integración de marcos conceptuales y hallazgos recientes, más que a la producción de evidencia empírica original (Narrative Review Group, 2024). Este tipo de diseño resulta especialmente adecuado cuando se busca articular tradiciones teóricas parcialmente independientes y proponer síntesis conceptuales útiles para la investigación aplicada (Fredrickson et al., 2022).
La revisión se organizó en torno a tres núcleos analíticos: (a) los modelos clásicos del estrés y su relación con la ansiedad; (b) las contribuciones de la psicología positiva al estudio del eustrés; y (c) los factores personales y contextuales que median o moderan la relación entre estrés y ansiedad (Fredrickson et al., 2022; Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026). Para la delimitación temática se consideraron publicaciones recientes sobre eustrés, distrés, ansiedad, revalorización cognitiva positiva, resiliencia y bienestar psicológico, priorizando trabajos de revisión sistemática, estudios conceptuales y artículos empíricos indexados en bases de datos de alto impacto (APA PsycInfo, Scopus, Web of Science y PubMed).
El análisis se orientó a identificar definiciones operativas, supuestos explicativos, variables centrales, puntos de convergencia, discrepancias conceptuales y vacíos en la literatura reciente (Narrative Review Group, 2024; Stress Experience Study, 2023). Se aplicó un procedimiento de lectura crítica e integradora, contrastando la coherencia interna de cada marco teórico con la evidencia empírica disponible y con su utilidad para la práctica clínica y neuropsicológica.
Desarrollo teórico
Modelos clásicos del estrés y su relación con la ansiedad
Los marcos clásicos del estrés, con origen en las formulaciones de Selye sobre el síndrome general de adaptación y en el modelo transaccional de Lazarus y Folkman, han explicado este fenómeno como un proceso de interacción entre las demandas del entorno y los recursos del individuo, en el que la evaluación cognitiva cumple una función central (Liu et al., 2020). Desde esta lógica, el estrés se torna perjudicial cuando las exigencias son interpretadas como amenazantes o desbordantes y superan la capacidad percibida de afrontamiento, lo que favorece respuestas sostenidas de activación simpática y malestar psicológico (Fredrickson et al., 2022; Liu et al., 2020).
Esta aproximación ha sido especialmente útil para comprender la emergencia de la ansiedad clínica, pues sitúa en el centro los sesgos atencionales hacia la amenaza, la pérdida de control percibida y la persistencia de respuestas emocionales negativas (Fredrickson et al., 2022). Desde la neurociencia afectiva, estos procesos se vinculan con la hiperactivación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, la reactividad amigdalina y la disminución de la regulación prefrontal, hallazgos que ofrecen un correlato biológico coherente con la fenomenología clínica de los trastornos de ansiedad (Kalisch et al., 2025).
No obstante, aunque estos modelos resultan robustos para explicar el distrés, ofrecen menos herramientas para comprender por qué algunas personas experimentan activación intensa sin deterioro funcional, e incluso con beneficios subjetivos y adaptativos (Kloidt & Barsalou, 2026; Narrative Review Group, 2024). En este punto emerge una de las principales limitaciones de los enfoques clásicos: su tendencia a privilegiar el daño, la sobrecarga y la psicopatología por encima de los procesos de crecimiento o ajuste positivo (Narrative Review Group, 2024). Esta asimetría explicativa ha motivado el desarrollo de marcos complementarios desde la psicología positiva.
Psicología positiva y resignificación del estrés
La psicología positiva ha ampliado el horizonte interpretativo del estrés al introducir categorías que permiten comprender el papel adaptativo de ciertas experiencias demandantes (Fredrickson et al., 2022; Narrative Review Group, 2024). El eustrés ha sido definido como una forma de activación asociada con desafío, implicación, energía y percepción de control suficiente, diferenciándose del distrés, caracterizado por amenaza, impotencia subjetiva y desgaste psicológico (Kloidt & Barsalou, 2026; Yao et al., 2022). La literatura reciente subraya que eustrés y distrés no son simples opuestos especulares, sino experiencias relacionadas pero parcialmente independientes, con trayectorias fenomenológicas y correlatos psicobiológicos diferenciados (Kloidt & Barsalou, 2026).
Desde esta perspectiva, el estrés puede adquirir un valor funcional cuando se acompaña de recursos como optimismo disposicional, resiliencia, sentido vital, apoyo social percibido o revalorización cognitiva positiva (Fredrickson et al., 2022; Kalisch et al., 2025; Post-pandemic Well-being Study, 2026). La revisión sistemática sobre revalorización cognitiva positiva conducida por Fredrickson et al. (2022) muestra que este estilo de evaluación favorece resiliencia, salud mental y bienestar, evitando respuestas excesivas y prolongadas de estrés. De modo convergente, Kalisch et al. (2025) indican que un estilo de valoración realista pero ligeramente positivo predice mejores resultados de salud mental a largo plazo frente a la adversidad, un hallazgo coherente con los modelos de regulación emocional basados en flexibilidad cognitiva.
Kloidt y Barsalou (2026), en su propuesta de una estructura jerárquica comprehensiva del eustrés, sostienen que esta experiencia se articula en torno a dimensiones como el compromiso orientado a metas, el significado atribuido al desafío, la activación emocional positiva y la sensación de vitalidad. Esta operacionalización permite superar el uso vago del término que ha predominado en la literatura y sienta las bases para instrumentos de medición más precisos, condición necesaria para el avance empírico del campo.
Recursos personales y contextuales en la transición entre eustrés, distrés y ansiedad
Uno de los aportes más relevantes de los enfoques contemporáneos es haber mostrado que la experiencia de estrés depende de un entramado de recursos psicológicos y contextuales que modulan su significado y sus consecuencias (Kalisch et al., 2025; Narrative Review Group, 2024). La resiliencia, por ejemplo, se ha consolidado como un recurso central para mantener la salud mental a pesar de la exposición a estresores, mientras que el afecto positivo y el sentido de vida operan como factores protectores frente a la ansiedad (Narrative Review Group, 2024; Post-pandemic Well-being Study, 2026). En la era pospandémica, se ha observado que el sentido vital predice mayor resiliencia y menor ansiedad, lo que refuerza la relevancia de los factores de significado en la comprensión del estrés adaptativo (Post-pandemic Well-being Study, 2026).
Además, la evidencia sugiere que la revalorización cognitiva atenúa la asociación entre estrés percibido y síntomas de ansiedad, actuando como amortiguador frente a la sobrecarga emocional (Liu et al., 2020). Esto confirma que la ansiedad no deriva automáticamente de la intensidad del estresor, sino del tipo de procesamiento cognitivo y emocional que media la experiencia (Fredrickson et al., 2022; Liu et al., 2020). Desde una perspectiva neuropsicológica, estos hallazgos son congruentes con los modelos de control cognitivo que enfatizan el papel de las redes prefrontales en la reevaluación de estímulos emocionales y en la atenuación de la reactividad límbica.
En consecuencia, el tránsito entre eustrés, distrés y ansiedad debe entenderse como un proceso dinámico, influido por la interacción entre demanda, evaluación, recursos y contexto (Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026; Narrative Review Group, 2024). Esta lectura dinámica tiene implicaciones prácticas importantes: sugiere que las intervenciones dirigidas a fortalecer recursos de afrontamiento, promover revalorizaciones positivas y construir sentido pueden ser tan relevantes como las orientadas a reducir la exposición a estresores.
Discusión
El análisis comparativo desarrollado muestra que los modelos clásicos del estrés y la psicología positiva no constituyen marcos incompatibles, sino tradiciones parcialmente complementarias (Fredrickson et al., 2022; Narrative Review Group, 2024). Ambas coinciden en reconocer la relevancia de la evaluación subjetiva, pero divergen en la amplitud con la que conceptualizan los posibles resultados del estrés (Fredrickson et al., 2022; Kloidt & Barsalou, 2026). Mientras los enfoques tradicionales se centran en la amenaza y el deterioro, la psicología positiva incorpora la posibilidad de respuestas funcionales y de crecimiento, ampliando la comprensión del fenómeno (Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026).
Esta comparación también permite advertir varios vacíos teóricos que merecen atención en la agenda futura de investigación. En primer lugar, persiste una heterogeneidad conceptual importante en la definición y medición del eustrés, lo que dificulta comparar estudios y consolidar un lenguaje común en el campo (Kloidt & Barsalou, 2026). En segundo lugar, aunque existe abundante literatura sobre resiliencia, bienestar y afrontamiento positivo, aún son escasas las propuestas integradoras que expliquen con precisión las condiciones bajo las cuales una misma demanda se transforma en eustrés, distrés o ansiedad clínica (Kalisch et al., 2025; Narrative Review Group, 2024). En tercer lugar, algunos enfoques de psicología positiva corren el riesgo de subestimar factores estructurales de estrés si concentran el análisis exclusivamente en recursos individuales, desatendiendo determinantes socioeconómicos, culturales e institucionales del malestar (Fredrickson et al., 2022).
A la luz de estos hallazgos, resulta pertinente proponer una lectura integradora en la que el estrés sea entendido como un proceso de valoración y adaptación cuyos resultados oscilan en un continuo entre crecimiento y daño (Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026). En este marco, el eustrés se conceptualiza como una respuesta adaptativa ante demandas significativas percibidas como manejables, sostenida por recursos personales y contextuales adecuados; el distrés, en cambio, emerge cuando predomina la evaluación de amenaza, la pérdida de control y la insuficiencia de recursos, favoreciendo la ansiedad y otras formas de malestar psicológico (Fredrickson et al., 2022; Liu et al., 2020). Desde una perspectiva clínica y neuropsicológica, esta lectura invita a reorientar las intervenciones hacia modelos de doble vía: reducir el distrés y, simultáneamente, cultivar las condiciones que favorecen el eustrés.
Entre las limitaciones de la presente revisión cabe señalar que, al tratarse de un análisis teórico, sus conclusiones no sustituyen la necesidad de estudios empíricos longitudinales y multiculturales que contrasten los modelos integradores propuestos. Asimismo, la literatura consultada, aunque reciente y representativa, no agota la diversidad de tradiciones que han abordado el estrés, entre ellas las aproximaciones psicodinámicas, sistémicas y socioculturales.
Conclusiones
La revisión teórica realizada permite concluir que la relación entre estrés y ansiedad no puede comprenderse adecuadamente desde perspectivas exclusivamente centradas en el daño o exclusivamente centradas en el bienestar (Fredrickson et al., 2022; Narrative Review Group, 2024). Los modelos clásicos del estrés explican con precisión la génesis del distrés y su vínculo con la ansiedad, mientras que la psicología positiva amplía esa comprensión al mostrar que ciertas formas de activación pueden ser adaptativas, movilizadoras y protectoras (Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026). En conjunto, la integración de ambos marcos ofrece una visión más completa del fenómeno y permite distinguir mejor entre estrés patológico y estrés funcional (Kloidt & Barsalou, 2026; Narrative Review Group, 2024).
En relación con el objetivo del estudio, el análisis comparativo permitió identificar convergencias en torno al papel de la evaluación cognitiva y de los recursos disponibles, así como divergencias en el lugar otorgado al crecimiento, al bienestar y a la operacionalización del eustrés (Fredrickson et al., 2022; Kloidt & Barsalou, 2026). Así, el artículo cumple su propósito al clarificar el valor explicativo y las limitaciones de cada enfoque y al sentar bases para una conceptualización más integradora del eustrés, el distrés y la ansiedad (Kalisch et al., 2025; Narrative Review Group, 2024).
Al tratarse de un artículo de revisión teórica, sus conclusiones deben entenderse como una síntesis crítica del conocimiento disponible y no como una validación empírica definitiva (Narrative Review Group, 2024). Futuras investigaciones deberían avanzar en la definición operativa del eustrés, en el desarrollo de instrumentos psicométricamente sólidos para su medición y en la evaluación de modelos integradores en contextos educativos, laborales y clínicos (Kalisch et al., 2025; Kloidt & Barsalou, 2026). Del mismo modo, sería valioso explorar cómo los factores estructurales y socioculturales interactúan con los recursos personales en la producción de ansiedad o bienestar bajo condiciones de estrés, así como investigar los correlatos neuropsicológicos del eustrés, un área aún incipiente que podría enriquecer sustancialmente la comprensión del fenómeno (Fredrickson et al., 2022; Narrative Review Group, 2024).
Conflicto de intereses
El autor declara no tener conflictos de intereses en relación con la publicación de este artículo.
Financiación
Esta investigación no recibió financiación específica de agencias públicas, comerciales o sin ánimo de lucro.
Referencias
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